Entrevistas
Entrevista a Alberto Laiseca en el Suplemento Caldenia del Diario Ala Arena,
el 13-11-05.
“Estuve metido en lugares muy oscuros”
Una charla con Alberto Laiseca, quizás el último de los escritores malditos argentinos, a propósito de la reedición de su novela Los Sorias.
A Los Sorias le llevó más de diez años escribirla. Terminó la epopeya de más de 1.300 páginas en febrero de 1982. Y más de 16 en publicarla. En 1998 salió una primera edición de apenas 350 ejemplares. En noviembre de 2004 Gárgola Ediciones, de Editorial De Los Cuatro Vientos, la volvió a reeditar.
Alberto Laiseca, su autor, nació en la ciudad de Rosario, Santa Fe, en 1941, pero los paisajes de su infancia y adolescencia fueron los de un pequeño pueblo de la provincia de Córdoba llamado Camilo Aldo. Entre sus publicaciones se destacan Su turno para morir (1976), Aventuras de un novelista atonal (1982), La hija de Kheops (1989), La mujer en la muralla (1990), El jardín de las máquinas parlantes (1993), Matando enanos a garrotazos (1982), Por favor ¡plágienme! (1991) y los Poemas Chinos (1987), que fueron reeditados este año.
LA CHARLA
“¡Qué impuntual que sos che, llegaste siete minutos antes!”, dijo entre risas el altísimo Laiseca –mide casi dos metros- cuando me abrió la puerta del edificio en el barrio de Caballito, en Capital Federal, en donde vive en la planta baja. La habitación-living-estudio estaba rodeada de bibliotecas repletas de libros todos forrados de blanco. Una cama de dos plazas ocupaba un extremo, y un escritorio con libros y revistas apiladas, ceniceros y una máquina de escribir, el otro. Dos gatos corrían de una punta a la otra. En la pequeña cocina al costado del escritorio se alcanzaba a ver al menos una docena de botellas de cerveza.
“La génesis de Los Sorias –dijo- surgió prácticamente a los nueve años, yo era un chico muy solo, me tenían atrapado sin salida, como dice la película, o al menos así me sentía, entonces la única salida era la imaginación. ¿Tomás cerveza? –interrumpió al tiempo que se acomodaba sus bigotes tupidos a lo Nietzsche- La tengo a temperatura natural, a mí me gusta así”.
Fue hasta la cocina con la botella vacía que tenía arriba del escritorio, la cambió por una llena, volvió, me sirvió, se sirvió, prendió uno de los tantos cigarrillos que habría de fumar durante toda la entrevista y continuó:
– Me fabriqué un mundo imaginario donde yo daba órdenes, organizaba imperios, ciudades.
– ¿En ese momento se te cruzó por la cabeza que esa obra iba a llegar a tener la dimensión que tuvo en cuanto a cantidad de páginas (más de 1.300) y a la profundidad de las historias?
– Para nada, ni siquiera sabía que iba a ser escritor, era un pendejo, tenia nueve años.
– ¿Por qué tuviste una infancia complicada, querés contarme algo de eso?
– Por mi padre. Estaba loco. Era un hombre cruel. Con una locura que la sociedad no castiga. Era una persona muy respetada y muy amada en mi pueblo. Era médico rural. El médico en un pueblo es una especie de sacerdote de sotana blanca. Pero viviendo con él era otra cosa. Sacaba toda su locura a costa tuya. Yo me sentía solo y no entendía nada. ¿Por qué soy castigado, cuáles son las leyes aquí? Era todo muy contradictorio, propio de un loco, entonces era muy difícil vivir así.
LOS SORIAS
– En la página 31 de la novela escribiste: “Los Sorias no eran solo dos ex compañeros de cuarto –de Personaje Iseca– sino la propiedad teológica de desgaste”.
– Y sí, yo he conocido un montón de gente en la vida que parece haber nacido exclusivamente para quitarte energía, haciéndote la vida imposible. Ya empezando por mi padre que era el primer Soria. El príncipe de las tinieblas. Yo creo en las circunstancias diabólicas.
– En un reportaje decías: “Para mí, todos los escritores tenemos cosas para compensar psíquicamente”.
– Así es. Yo agradezco ser escritor, no sé otros, pero si yo no fuera escritor creo que me volvería loco, porque no podría soportar cosas que me pasan y que me han pasado. No sé, podría haberme dedicado a la física teórica, para la cual tengo cierto talento. Tenés que dedicarte a algo que te salve. Que sea una compensación psíquica. O podría haberme dedicado también a la astrología, en la cual también creo.
POEMAS
– En la página 310 incursionás en la poesía con Canciones de la Gesta de Soria. ¿Cuál es tu concepción sobre el género? A propósito, a fin de año se reedita tu libro Poemas Chinos, ¿Qué nos podés contar al respecto?
– Sí, sale la segunda edición de Poemas Chinos. Es bueno el poema de Soria que hace el juglar. Lo que pasa es que el juglar está muy equivocado. Está exaltando el sistema y el tipo equivocado. En la época de Stalin, un mexicano, que creo se llamaba Hidalgo, escribió un largo poema en su honor, que era todo un delirio: “Tus bigotes de cristal, tu cuello de tractor” –recita con su vozarrón Alberto y luego larga una gran carcajada– era todo un delirio. Y la ‘Gesta de Soria’ es un poco eso. Las aberraciones en las que podemos caer cuando hacemos poesía y nos dejamos gobernar por ideologías. Yo he leído poesías nazis, poco conocidas. Y son geniales algunas, claro pero para exaltar una idea de mierda. Y la poesía es genial.
Leo muy poca poesía, rara vez. Tengo tantas cosas para decir en la narrativa, tanta tesis para volcar en la obra, que muy pocas veces me puedo separar y poner en el lado de la poesía. Poemas Chinos lo escribí hace unos 25 años atrás. Se habló mucho en una época. Es una de mis obras míticas, podría decirse, como El jardín de las máquinas parlantes o Los Sorias. Y como son obras buscadas existe interés por parte de los editores de publicarlas, de volver a hacerlo. Es algo lógico.
LO OCULTO
– ¿Cómo surge tu interés por Egipto y su cultura?
– Mirá, Egipto tiene más o menos la misma génesis que Los Sorias, a los nueve años. Enseguida me empezó a apasionar esa cosa misteriosa de las momias, las tumbas, las profundidades. Siempre me fascinó lo cripto, oculto.
– ¿Qué significado tiene el Golem en tu obra?
– El Golem es una tradición muy larga, recientemente judía pero más antigua aún, babilónica. Según la tradición hermética el Golem se puede fabricar. Llegué a él leyendo a Gustav Meyrink, a través de su novela El Golem, que lo debo haber leído unas veinte veces. Creo que es la novela más difícil que he tomado en mi vida.
– ¿En qué proyecto estás ahora?
– En terminar de pasar la novela que ya terminé de escribir, que se llama: Sí, soy mal poeta, pero... (Risas)
CUANDO NO ESCRIBE
– ¿Escribís siempre a mano?
– Sí, en letra de imprenta y después lo paso a máquina, en mi computadora soviética –dice Laiseca señalando su máquina de escribir– ¡Es la mejor viejo! Acá no entra virus no corrés el riesgo de tocar una tecla y que se te borre el sistema, nada. ¡No falla la computadora soviética, viejo!
– ¿En qué se reparten las horas de tus días?
– Las reparto como puedo (Risas). Tengo que dedicarle mucho tiempo al estudio de los cuentos para la emisión por I-Sat (un micro programa de 5 minutos semanales, por cable, que se llama ‘Cuentos de Terror’, en los que el escritor narra algún cuento del género de algún autor internacional). Mucho tiempo para mis alumnos. Es mucho, y cada tanto salen extras.
– ¿Cómo es esa experiencia de contar por televisión?
– Me gusta mucho, me enriqueció enormemente, me cambió la vida para bien.
– A partir de ahí contaste cuentos también en lugares públicos como teatros por ejemplo.
– Ah, bueno sí, eso es furtivo, cada tanto.
– ¿Te gusta esto de tener contacto directo con el público?
– Sí, me gusta, pero desgasta, no es gratis. Me gusta, pero pagando un precio.
– ¿Cómo es la experiencia de llevar adelante un taller literario y desde cuando lo dictás?
– Desde que mi mujer de aquel entonces amenazó con echarme de su casa si no ganaba más dinero. Y en la desesperación, porque yo la amaba mucho a esa chica. Era rubia de rulitos y de ojos azules. Era linda como Nicole Kidman. En serio lo digo. Con eso te digo todo. ¿A vos te gustaría perder a Nicole Kidman? No me digas que sí porque no te creo. Bueno yo tampoco, y entonces me dije, me tengo que poner las pilas y ahí empecé. Hace unos dieciséis años. La perdía igualmente. Nicole Kidman me pegó una patada en el culo y me quedé en Pampa y la vía pero igual seguí con los talleres.
– ¿Cómo es la técnica que llevás adelante con el taller?
– Les doy un ejercicio para que hagan en la casa. Ejercicios de imaginación sobre todo. No les corrijo demasiada gramática o cosas por el estilo. Siempre les digo a mis alumnos que no hay recetas. Acá lo único que hay son tres cosas: trabajo, lectura y vivir. Escribir más, leer más y vivir más. No hay otra cosa. A la otra clase se lee en grupo, se comenta y si queda tiempo leemos obras de la literatura universal y argentina y las comentamos también.
REALISMO DELIRANTE
– ¿Por qué son tan importantes los linyeras en Los Sorias?
– Porque yo tuve un contacto muy impresionante con un grupo de linyeras, yo era estudiante por aquél entonces, tenía 16-17 años, estaba en la ciudad de Santa Fe y un linyera se me acercó para decirme no sé qué huevada y yo no le di pelota. No me molestes. Entonces me dio una lección. Largó un sonido con la boca que todos lo perros de la zona se le acercaron y se le pusieron al lado. Ahí me di cuenta que había otra cosa. Que con esos tipos no se podía joder.
– En una entrevista decías: “Yo siempre digo que soy un dictador frustrado. En mis novelas conduzco ejércitos, tengo poderes mágicos maravillosos”.
– Ah seguro, pero si querés que te diga la verdad, estoy contento de no ser dictador, porque me preocupa tanto la gente, el dolor de la gente, que si yo fuera dictador, si tuviera la suma del poder público en la Argentina no duraría más de tres meses y no porque me derrocaran o fueran a asesinarme, me moriría de estrés. No podría soportar el dolor de la gente, me sentiría responsable. Más de tres meses yo no duro.
– ¿Cuál es el fundamento del realismo delirante?
– El fundamento es la realidad, después el delirio creador, no el patológico, es para distorsionar y producir efectos que amplifican o disminuyen ciertas zonas del pensamiento y del sentir para que las cosas se vean mejor.
PALABRA DE ESCRITOR
– Leí en otra entrevista que Matando enanos a garrotazos, tu tercer libro, no fue la consecuencia sino la causa de otra condena: el jurado de un concurso literario lo descalificó debido al gerundio titulante. Y según la leyenda Jorge Luis Borges había sido parte del jurado y había sido él quien la descalificó.
– No, no estaba Borges de jurado. Estaba sí Bioy Casares y... eran como seis jurados, pero no me acuerdo quién más estaba. y uno de ellos, nunca supe quién, no me lo quisieron decir, dijo, cómo le van a dar el premio a alguien que empieza el título de su obra en gerundio (risas). Y me cayó para la misma mierda, como podrás imaginar.
– Otra declaración tuya: “Yo rechazo fundamentalmente la abstracción”.
– Así es, mirá vamos a tener toda la eternidad para vivir la abstracción y unos pocos años para vivir en lo concreto.
– En una entrevista Abelardo Castillo decía que elegir la literatura es elegir un poco la carencia. ¿Qué opinás al respecto?
– Es indudable que tenés que hacer un gran sacrifico por la literatura, que te vas a cagar bastante de hambre. Yo estuve metido en lugares muy oscuros. Ahora estoy menos oscuro pero eso tampoco quiere decir que nade en la abundancia porque no es cierto, pero estoy un poco mejor.
– ¿Cómo es tu relación con la página en blanco?
– Mi relación con la página en blanco es no tener tiempo para ir a escribir. Nunca tuve vacíos creativos jamás en la vida.
– Veo que tenés todos tus libros forrados de blanco, ¿A qué de debe?
– Para evitar robos. Los tengo todos numerados y tengo un índice para poder encontrarlos.
– ¿Qué otros proyectos tenés para el futuro inmediato?
– Quiero que saquen una segunda edición de una obra que yo quiero mucho, que se llama El Jardín de las máquinas parlantes.
Alejandro Cavalli (periodista y escritor)
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