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Bonifaz Ezeta, Ángel |
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Cabrera, Ana María |
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Di Benedetto, Antonio |
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Gamarra, Enrique |
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Goyeneche, Jorge |
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Grupo Literario Alejandría |
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Laiseca, Alberto |
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Lupo, Tom |
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Manauta, Leticia |
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Moyano, Daniel |
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Pagano, Mabel |
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Saénz, Dalmiro |
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Sasturain, Juan |
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Suárez, María
del Carmen |
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Autoayuda y Bienestar |
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García, Yohana |
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Colección
Laura Palmer
no ha muerto |
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Almada, Selva |
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Boscatto, Jorge |
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Levín, Federico |
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Oyola, Leonardo A. |
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Romero, Ricardo |
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Sottosanto, Juan C. |
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Terranova, Juan |
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Colección
Negro Absoluto |
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Los indeseables |
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El doble Bernie |
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Santería |
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El Síndrome Rasputín |
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Es un apotegma consabido que en la cancha, la camiseta se debe honrar, defender y, sobre todo, transpirar. El sudor es a la camiseta en el fútbol; lo que la sangre a la bandera en guerra. De la camiseta transpirada a la bandera ensangrentada hay un paso, sin duda excesivo. Se dice «dar la vida» en el esfuerzo; sudar sangre, exactamente. Los simbólicos colores se exaltan con la humedad. Además, siempre quedan las lágrimas de reserva: una catarata de efusiones que prometió, enumeró Churchill durante un Mundial que no era ningún juego. Parece que éste tampoco lo será. Es increíble las cosas que ponemos en el juego de la pelotita.
En este libro se pasa revista a los Mundiales que jugó Argentina o –mejor–, a los mundiales que jugamos por radio, por la tele, en vivo o de memoria, de oídas o por rebote familiar. La versión no puede ser sino personal, sentimental en el mejor de los sentidos: qué me pasó a mí –de pibe, de adolescente, de muchacho, y ahora ya veterano– cuando esos campeonatos del mundo nos pasaba a todos por arriba y por adentro. No conozco felicidad más desgraciada. |
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Carta al Sargento Kirk
y otros poemas de ocasión
$18
104 Páginas.
21 x 14 cm.
ISBN: 950-9051-72-1.
2005
“En el juego infantil de la escondida hay una circunstancia misteriosa en que cuando el que cuenta y busca descubre a alguien –“piedra libre para...”- pero se equivoca al identificarlo, éste grita “sangre” y revelándose como quien es, se salva. Hay alguien ahí pero no es él. Pareciera que la ilusión infinitamente renovada de Sasturain es poder gritar “sangre” cada vez: dar señales aparentemente inequívocas para después poder decir (se) que (él) no está. O por lo menos que no está solo. Los poemas diferidos de Carta al Sargento Kirk participan de esa ilusión con el agregado, que se pretende no contradictorio –yo te invoco, sombra fecunda de Pessoa- de poder cantar sin rubores, al final, abriendo el baúl. “piedra libre para todos los compañeros” – Diego Fierro. |
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