“Orígenes, aquel cuasi heresiarca del siglo III, se hizo castrar para mejor estudiar las sagradas escrituras. Evitar cualquier desviación de su objetivo: ese era se desiderátum. Supongamos que un escritor hiciera lo mismo, y que un hecho así le transformara en un sujeto tranquilo y con enorme capacidad de trabajo e indemne a todo tipo de distracciones o dispersión: su único objetivo sería escribir soberanamente bien; nada más le importaría en la vida. ¿Podría cumplir su objetivo? Quiero decir, realmente escribiría.” -J.B