Durante los últimos treinta años, la naturaleza de mis ocupaciones me ha puesto harto frecuentemente en contacto con lo que parecieras constituir una clase interesante y bastante singular de hombres, de quienes absolutamente nada -que yo sepa- se ha escrito hasta ahora: me refiero a los copistas judiciales o escribientes.
"Promediando el relato, el narrador se pregunta si puede tratar a Bartleby como a un vagabundo y enviarlo a la cárcel, siendo que éste joven escribiente es todo lo contrario, un peregrino que se niega a realizar cualquier tipo de movimiento; 'es demasiado absurdo' concluye. Y lo es, y por eso es el camino de lo cierto" -Ricardo Romero.