En el banquillo de los acusados se encuentra él, un hombre que trastorna a jueces, fiscales, y jurado. Un ser invulnerable porque posee el arma definitiva: El Absurdo.
Hilarante obra de teatro donde Dalmiro -como en Yo también fui un espermatozoide- nos vuelve a sorprender con un manejo exquisito del humor absurdo, libre de todo pudor y límites.